Freno y arranque de La Máquina: así golpeó la covid al grupo de restauración que creció en el Madrid más acomodado

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De un restaurante en Sor Ángela de la Cruz, junto al área de negocios por excelencia de Madrid, a gestionar 16 locales en zonas bien de la capital y en la exclusiva urbanización de La Moraleja. El grupo hostelero La Máquina, a punto de cumplir cuatro décadas de historia, ha conquistado los paladares más pudientes. Pero ello no le libró, como al resto del sector, de atravesar un annus horribilis en 2020 por culpa del coronavirus. Las últimas cuentas registradas de la compañía describen un ejercicio para olvidar en el que la facturación, que superaba los 50 millones anuales antes de la pandemia, se desplomó a menos de la mitad. La buena situación de la que partía, eso sí, le permitió eludir los números rojos y cerrar el año con unas exiguas ganancias de 217.000 euros.

Restaurante La Máquina S. A. es aparentemente una compañía bien engrasada. Nació con un local en 1982, actualmente denominado La Máquina Original, que presume en su web de ser “referente de las mejores lonjas nacionales”. Con esa carta de presentación es fácil imaginar su filosofía: buen producto y un servicio esmerado a precio competitivo (que no es lo mismo que barato). Con esas armas se fue expandiendo y abriendo nuevos restaurantes —desde réplicas del clásico hasta propuestas más informales de tapeo— siempre en barrios acomodados.

Una empresa familiar

El grupo se ha mantenido como empresa familiar. El fundador, Carlos Tejedor López, tiene una participación del 70% según las cuentas presentadas ante el registro. Su segunda esposa, María Victoria Mingorance, tiene un 5% y Sergio Tejedor Mingorance preside la firma con un 4% de las acciones. Dos hijos del primer matrimonio del cabeza de familia, Carlos y Javier Tejedor Álvarez, pugnaron en su día por el control de la empresa y llevaron el asunto a los juzgados, según publicó El Economista. El primero de ellos tiene aún una participación del 5% y del segundo no se da noticia en las cuentas anuales. Pero queda claro que el negocio no ha salido del círculo de su creador: Mingorance es la única de los ocho accionistas que no lleva el apellido Tejedor.

En resumen, las cosas han ido bien. En 2019 el grupo facturó 52,4 millones de euros y dio empleo a 437 personas (345 trabajadores fijos y 92 temporales). Al cerrar el ejercicio sus ganancias se acercaron a los 5 millones de euros. Pero entonces sucedió lo que nadie esperaba. La covid-19 saltó de China al mundo entero y en España se tradujo en medidas de confinamiento, lo que provocó “un descenso muy importante en las ventas y de la actividad por parte de las empresas y sus beneficios”, según reza la memoria anual.

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